Hay sesión

Hoy hay cabos sueltos que acomodar.

Ha sido sin dudas, una lucha no menor.
Buscar a Ash en el mundo no fue como buscar una aguja en un pajar. Porque eso daba paja, y buscar a Ash no. Es que es una búsqueda a la que uno puede efectivamente renunciar, o decir que renuncia, pero en realidad, aunque sea por inercia, sigue buscando. Mucha gente termina su búsqueda a sus primeros años de vida, y es por eso que la mayoría de las veces la gente no toma conciencia de la existencia de esta búsqueda. Cobra un grado de ironía que llamarla Ash al haberla tenido que buscar, cuando era Ash el que abocó su vida entera a buscar criaturas por su mundo. Pero claro, ése era Ash de Pueblo Paleta, no de Villa Urquiza.
Uno pensaría que al haber encontrado a Ash, y concluído mi búsqueda, consigo concluiría la lucha; nada más alejado de la realidad. Porque es Ash la que hace que valga la pena acomodar mis cabos sueltos, pero mi lucha son esos cabos sueltos – o quizás, su razón de ser. ¿Qué objeto tendría luchar contra los penares que me afligen desde la edad más tierna, si a nadie le mueve un pelo? Y es a veces, el motivo por el cuál me muevo yo.
Es curioso porque es el mismo motivo por el cuál busqué por casi dieciséis años a Ash – mis penares, mi locura, mi luchar contra mi propia psiquis. El peor rival de Amatea es Amatea.
Por eso hoy hay sesión. En la cancha se ven los pingos. Gracias, Ash.

 

 

 

Sueño en Roma

Un sueño sobre Lowana

Ash, leíste el título y creo que ya sabés de que se trata.
Sí, yo, otra vez fracasando, otra vez soñando con imposibilidades. ¿Y por qué? Es una travesura del inconciente. Freud, vos y la concha de tu madre checa.
Esta vez soñé con lo que quiero que pase a fin de año. Quiero ir a Roma con Lowa. Sí, es una paráfrasis de Fentra. Y ya sabés quién es Lowa. No sos vos, como la Lowa de la vida real consignó alguna vez leyendo los primeros capítulos de Fentra, es ella. Obviamente que cuando escribía Fentra, pensaba en vos para dibujar a Lowa… pero ya que me pediste que acá te nombre Ash, Lowa recayó en ella, como de rebote, aunque sabemos que si algo rebota cerca de Lowa, se pierde en la selva de sus cabellos.
Sin embargo fue un sueño que poco tuvo de feliz, a diferencia de todas las veces en las que sueño con Lowa. Soñé que estábamos cerca del coliseo cuando nuestros miedos se tornaban realidad y había un atentado cerca. Ninguno de los dos salía herido, pero Lowa se asustaba, y yo también, desde ya…
Por el otro lado, es quizás muy difícil hacer mención de este sueño sin pensar en aquel otro, en el que la guerra aniquilaba a nuestro país y Lowa y yo escapábamos de milagro en una balsa por el Río de la Plata. Para hacerme sufrir, soy el hombre más creativo de la tierra. Y tuve ése sueño con Lowa, con la Tana, hasta con gente amiga con la que nunca tuve pretenciones… hasta Adelmara, jaja.
Quizás lo que me gustaba de este sueño era que me quedaba consolando a Lowa un rato largo. Sentirme útil, aunque sea en su miedo. A éso me reduce Lowana… qué cosa hermosa y horrenda a la vez.

Capítulo Tercero

Por Juan Ordoñez

¡Buenas y santas, Lector! Volvemos a encontrarnos luego de una semana de las más tranquilas del año, no siempre se puede disfrutar de cuatro días  no laborables. Al menos yo, pude descansar de mi ardua jornada laboral de todos los días. Bueno, en realidad esto es una falacia, no es tan ardua, pero es trabajosa. Bueno, en realidad no es trabajosa, pero es tediosa. Vale, no es tan grave mi trabajo. Dejemos de dar vueltas y vamos a lo que nos compete.

En esta entrega, voy a dar detalles de ese día tan fatídico que fue… El día del merquero. ¿Se acuerdan que en la primera entrega dije que dejé demorado a un gediento en la estación de Alejandro Korn? Bueno, se viene esa historia. Resulta que era mi primer día de trabajo en mi nuevo empleo, y estaba llegando tarde. ¿Cómo? Si, estaba llegando tarde. El subte se demoró como una hora varado entre dos estaciones sin señal de celular, y no contento con eso, el tren que me lleva a Korn se descompuso y me dejó en la estación de Burzaco o Longchamps, no me acuerdo bien, pero nos dejó a todos esperando el tren siguiente, que, claramente, llegó sólo hasta Glew, por lo que tuve que seguir esperando al siguiente que me llevara hasta Korn. Mi madre, de Korn, me dijo que me alcanzaba ella en auto hasta San Vicente, pero no pudo ser, ya que cuando la llamé, ella estaba alteradísima por algún motivo que desconozco y que ella no recuerda, por lo que tuve que esperar el colectivo que me llevó al vecino pueblo de San Vicente. Llegué a mi trabajo y mi jornada procedió con normalidad. A todo esto, tenía que llegar a las diez de la mañana, pero terminé llegando pasada la una de la tarde.

Terminada mi jornada laboral, tomé nuevamente el colectivo a Korn, y procedí a esperar el tren a Constitución. En la estación, cuando empezó a llenarse de gente, me encontré en la situación de que un tipo alto, flaco, desdentado y con la ropa sucia me codeara. Yo estaba con auriculares y me resultó raro el acercamiento, aunque tenía claro que no quería robarme, hubiera sido una idiotez en un lugar tan concurrido. No. No quería robarme, creo que quería hacer una gracia, porque lo miré, el tipo miró a una mujer que estaba sentada con un nene en un banquito, y se le acercó y la mujer, asustada, se levantó y se fue. Y el gediento se reía. Yo me di cuenta de que estaba bajo los efectos de algún narcótico. Aún así, me molestó mucho su actitud, porque estaba resultando molesto, incómodo para la gente, y además actuaba con malicia, ya que no hay diversión en asustar a la gente, y mucho menos  a una mujer que se siente indefensa por las situaciones que se viven diariamente en nuestro país. Por lo tanto, no me arrepiento de lo que hice a continuación.

Fui con la mujer, y empecé a hablar con la gente que había allá en la estación, donde estaba la mujer asustada. Me contó que este tipo la venia acosando desde hacía un rato ya. Entonces llamé a uno de los flacos del ferrocarril, los empleados ferroviarios, y le dije que llamara a los policías que generalmente custodian la estación. Primero llegaron dos policías locales, que empezaron a preguntar qué pasó, a lo que les expliqué lo que había pasado, y no sólo eso, sino que les dije que me siguieran y les marqué al gediento. No tenía más intención que que lo levantaran en peso, pero el gediento se puso nervioso evidentemente. Ahí mis pensamientos fueron por el lado del alcohol (pero no tenía olor) o de la cocaína. En definitiva, resulta que después de esos dos locales, llegaron otros dos policías locales, y no contentos con eso, llegó también uno de la Federal. Ahí me molesté con ellos. ¿Realmente se necesitan cinco policías para poder contener a un gediento?

El tren llegó, arrancó, y pude ver por la ventana como el gediento seguía ahí con sus cinco acompañantes, que planeaban llevárselo a la comisaría de Korn. Mal o bien, creo haber hecho lo correcto, ese tipo no pudo seguir molestando a la mujer, y ella quedó muy agradecida conmigo, lo mismo que los que vieron lo que hice. Llegando a mi casa vi una situación similar, donde un tipo evidentemente alcoholizado se le acercó a una mujer en la parada del colectivo donde estábamos los dos solos, le dijo algo que no alcancé a escuchar, la mujer se alejó un paso, el tipo me vió y se fue. La verdad, no es que me haya pasado algo particularmente malo además de las usuales molestias inconvenientes por el mal servicio del transporte público, pero la verdad sea dicha: Para el gediento ese fue un día de miércoles.

Capítulo Segundo

Por Juan Ordoñez

Bienvenido, Lector, a una nueva entrega de esta columna. Te preguntarás que historia puede enmascarar este segundo capítulo de mi aclamado espacio. Bien, pues, adentrémonos en la historia, porque llevo con una semana realmente tranquila, asi que vamos a pasar a comentar la historia del miércoles 15 de Febrero pasado.

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¿Hombres en el Tetazo?

por Jero Duclos

Hola, me llamo Jeronimo Duclos y fui al Tetazo.
En los días previos, y en el mismo Tetazo se sostuvo un debate sobre si los hombres podían y/o deberían ir, yo fui. Antes de ir debatí en mis círculos y algunos grupos de Facebook y me cruce con mucha gente, hombres y mujeres, que opinaban que no debería ir, y un par prohibiéndome la presencia en el evento. Yo me mantuve y me mantengo firme en que la presencia de hombres fue positiva en el Tetazo.  Continue reading “¿Hombres en el Tetazo?”

Elijo la libertad

Por Andrés Masotto

La capacidad de elegir es, sin dudas, una de las características innatas del ser humano. Si bien con el tiempo incorporamos conocimientos y criterios que determinan nuestras preferencias, desde muy pequeños llevamos a cabo elecciones, así sean, en un principio, establecidas por factores tan básicos como el color o la forma.

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Batman Arkham Knight, El mejor videojuego del caballero oscuro

Por Dylan Taiah

Luego de dos grandes juegos como lo son Arkham Asylum y Arkham City, Rocksteady se despide de Batman con esta última entrega; Batman Arkham Knight, la cual cierra toda la historia del encapotado de una forma sublime y una jugabilidad ultra refinada.

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