Debates I: la Policía ¿debería existir?

por Gonzalo Tarnaruder

Bienvenidos a la primera entrada de esta columna de Debates. En ella expondré distintas miradas y argumentos hacia temas problemáticos desde mi óptica.
En esta oportunidad expondré puntos a favor y en contra de un debate proablemente tan viejo como la existencia del estado y la sociedad civil: la policía, ése órgano tan útil para algunos y tan peligroso para otros, ¿es necesario que exista?

Para abarcar semejante discusión, es necesario en primer lugar definir marcadamente el concepto de policía. Quienes estén a favor de su existencia podrían esbozar su definición vagamente como el organismo del estado destinado a hacer que la ley se cumpla por las buenas o por las malas, es decir, atrapando a quienes se rehúsen a cumplirlas y sometiéndolos a los procesos de la Justicia, el órgano destinado a juzgar las infracciones de la ley, que es a fin de cuentas la herramienta del Estado para hacerse valer. Muchos detractores, en cambio, dirán que es aquel grupo de personas que bajo la excusa de hacer que la ley se cumpla, incurren en prácticas violentas y opresoras, especialmente dirigidas a aquellas clases o grupos sociales que las clases dominantes del estado capitalista estigmatiza como criminales, es decir, las clases pobres.
Los autores contractualistas como Foucault o Hobbes afirman que el estado es una sociedad civil a la cual los individuos acordan ingresar a cambio de adherirse a un sistema de leyes que todos respeten (es decir, forman un contrato social). Así dan lugar al estado, que es el órgano que monopoliza la violencia legítima para asegurarse que estas leyes se cumplan, es decir, tiene derecho a ejercer la violencia para que hacer cumplir y juzgar las infracciones de las leyes que su propio aparato creó, de donde nace el concepto de policía.
Dicho de otra manera: el estado tiene derecho a usar la violencia para asegurar que las leyes se cumplan, ahí es cuando aparece la policía, que es el brazo del estado designado a ejercer esta violencia con tal de servir al estado y sus leyes.
Al tomar entonces noción de que la policía solo debería operar en el marco de la ley, uno podría decir sencillamente que no se puede confiar ciegamente en la buena intención de la conducta de los ciudadanos ya que muchas veces incurren en conductas que no solo la ley no aprueba sino que son inseguras para la sociedad, y para ello es necesario un órgano destinado a asegurar que esas leyes se cumplan. De esa forma justifica la mayoría la existencia de tal institución, a mi entender.
Sin embargo, uno también puede ver otra realidad. Son famosos los casos en los que la policía incurre en hechos que, lejos de actuar dentro del marco de la ley, hacen que uno le tema a la policía tanto o más que a los propios sujetos que operan contra la ley. Para entender esto conviene releer la definción que le dimos al organismo: el brazo del estado designado a ejercer violencia con tal de servir a las leyes que el propio estado crea.
Uno inmediatamente se puede sobresaltar y creer que en tal caso, el estado tiene un poder sin límites ya que juzga sobre los ciudadanos las leyes que si mismo crea. Uno de todos modos no debe olvidar que el estado está compuesto por ciudadanos y su poder sujeto a la legitimidad que los ciudadanos (los mismos sobre los que se ejerce el poder) le otorga. Sin embargo muchos afirman que por la corrupción del estado y la gente que lo maneja, deja de ser el pueblo y todos los ciudadanos para ser la clase dominante la que legitima el poder, sometiendo a la clase dominada a un poder que no puede nunca controlar, y es ahí donde surgen las prácticas ilícitas que ni siquiera la propia ley avala, como el gatillo fácil, la represión y así con una lista lamentablemente interminable. Este concepto esgrime, a mi entender, el principal argumento en contra de la existencia de la policía.

En resumidas cuentas, una de las parte privilegia la seguridad de los ciudadanos y los mecanismos que el estado tiene para garantizarla, y la otra afirma que la seguridad de los ciudadanos no es del interés del estado porque está corrupto, y termina utilizando el poder que los ciudadanos le otorgan para sus propios fines, como es por ejemplo utilizar la policía para reprimir a los grupos que ofrezcan resistencia contra su poder.
En un punto de conclusión que se condice más con mi mirada de las cosas, cabría aclarar que mal hechas, las cosas nunca sirven. O dicho de alguna manera más formal: la corrupción del organismo actual no hacen obsoleto al concepto de policía. No por actualmente o comúnmente ser un organismo corrupto, la policía es necesariamente un organismo corrupto. Sin embargo uno no puede sentarse tranquilo bajo la esperanza de que algún día la policía actúe en el marco de la ley, ¿qué es lo que se hace cuando históricamente, la policía no ejerce su función? Es ahí cuando sin coincidir, comprendo yo a quienes quieren desmantelarla. Desde mi lugar, creo que lo mejor que puede hacer el ciudadano honesto es hacer política exponiendo las faltas y deshonestidades de las instituciones policiales y haciendo sentir el rigor de la ley a los que delinquen con el escudo y la placa como protección.

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