Capítulo Primero

Un Día de Miércoles por Juan Ordóñez

Años atrás, cuando era un estudiante de primaria, detestaba escribir. Pero no porque tuviera problemas en redactar composiciones, lo que me molestaba era escribir a mano. Mi caligrafía no era buena, para nada. De hecho, siempre me retaban las maestras de primario. Este hecho no fue dejado de lado por mis profesores de secundario, que también se enojaban conmigo por mi mala caligrafía. Y calculo que de vez en cuando a algún profesor de mi facultad lanza diatribas silenciosas hacia mi persona, igual que algunos empleados judiciales.

Ah, pero dirían ustedes, ¡Que forma más directa y rara de empezar una columna! Y tendrían razón, es rara, pero porque a cualquier persona le resulta raro hacer un primer capítulo de cualquier cosa. Creo que al menos la mitad de las personas del mundo han tenido la intención de escribir un libro, pero se encontraron con problemas de tiempo, de capacidad, de inventiva, o con el más simple: ¡¿Cómo cuernos se empieza?! La respuesta a esa pregunta, como se imaginarán los creativos, es simple: Por el principio.

Ahora bien, ¿Qué es el principio? Según los Les Luthiers, “Los principios van al principio, los principios son lo principal; si los principios fueran fines, deberían ir al final”. Espero eso aclare el panorama. Dicho esto, procedo a explicar la naturaleza de esta columna. Resulta que estando un día navegando por internet, y pasando el rato en Facebook, recibí un mensaje un tanto inquietante de una persona que no conozco, rogando mi participación en un proyecto para el cual consideraba que sería un honor o un placer contar con mi pluma. Debo decir que me llené de orgullo cuando vi que a alguien le interesaba lo que escribo, y, aunque este interés me hizo dudar de sus capacidades mentales, aprovecho este espacio para agradecerle a mi gran colaborador, ya que todavía no nos conocemos, Gonzalo, por la oportunidad. Como diría el insigne Carlos Saúl, “No los voy a defraudar”.

Volviendo al tema argumental, la propuesta fue escribir una columna que a mí me interesara, que fuera de mi autoría el tema, con lo cual me tomé mi tiempo para pensar el tópico, acabando por decidir que el tópico sería cómo cada tanto mi vida se va al carajo, pero al carajo mal. Digamos que la vida transcurre con total normalidad y de repente ocurre un suceso extraordinario, no fantástico, pero si extraordinario, que lleva a que tus pensamientos durante todo el día giren en torno a ese suceso. Digamos que esto me pasa al menos una vez a la semana.

Por ello, mis queridos lectores, es que me vi obligado a nombrar la columna en base a ese hecho extraordinario. Ahora bien, algunos pensarán en que, por ejemplo, el hecho extraordinario puede ser por fin consumar el amor que sienten por algún ser amado. Y no se equivocarían, es extraordinario. Pero en mi vida, nada de eso sucede, generalmente mi vida se va al carajo, y ese evento termina siendo, por ejemplo, dejar demorado a un tipo en completo estado de locura e insania provocado por haberse aspirado una línea de merca larga como esperanza de pobre, o, para darle más realismo, como las del Diego (a Maradona voy a nombrarlo seguido cuando toque el tema, es un chiste recurrente en mi cabeza, sin intención de ofender a nadie. La verdad no ofende, después de todo).

¿Cuántas veces dijeron, por no putear, “¡Que día de miér… coles!”? Bueno, esta es exactamente la frase que yo pienso cada vez que pasa algo así. Sumérjanse en mis días de miércoles conmigo, van a lograr que me sienta acompañado y… Bueno, eso. Van a poder reírse un rato de las desgracias ajenas. A mí me gusta hacerlo.

Hoy, para esta columna, no hay desgracia.  Pero semanalmente podrán disfrutar de este espacio, que contará con muchas de ellas y que quizás les pueda sacar una sonrisa. Ojo, pueden no ser desgracias para mí, pueden ser para otros, recordemos que esto es para ver cómo el mundo se va al carajo para alguien, generalmente es para mí, pero tengo todavía la historia del merquero para contar. Es un pequeño spoiler de una de las historias que van a componer esta columna.

Así, mis queridos lectores, damos comienzo a ese espacio. Es una ironía que diga la frase “dar comienzo” justo cuando estoy redactando el último parrafo de esta entrada, pero no importa. No es que tenga el mejor día de mi semana. Particularmente hoy casi termino a las trompadas a la salida de mi “Fulbito de los Miércoles”, así que, aprovechando la ocasión… ¡Hoy sí que fue un día de miércoles!

Author: Juan Ordoñez

No me hagas ninguna pregunta y no voy a tener que mentirte.

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