Elijo la libertad

Por Andrés Masotto

La capacidad de elegir es, sin dudas, una de las características innatas del ser humano. Si bien con el tiempo incorporamos conocimientos y criterios que determinan nuestras preferencias, desde muy pequeños llevamos a cabo elecciones, así sean, en un principio, establecidas por factores tan básicos como el color o la forma.

Poder elegir significa que somos libres o que, al menos, nuestra libertad se encuentra limitada a dos opciones, que son el mínimo requerido para llevar a cabo una elección. Sería un atrevimiento decretar que el simple acto de seleccionar nos otorga libertad, puesto que muchas veces nuestras elecciones se limitan a la oferta, y esa oferta supone una limitación.

Dijo Jean Paul Sartre: “¿Acaso crees que puedes vivir toda tu vida entre paréntesis?”, planteando así un dilema extenso. Interpretando que los paréntesis fuesen los márgenes que el sistema nos propina, nos trasladaríamos a la eterna discusión de si es posible vivir fuera de lo establecido por las estructuras sociales. Ahora bien, creo que lo importante es hasta qué punto podemos estirar el espacio entre los paréntesis; y eso es una elección.

 

El acto heroico de elegir

Hay ciertas cosas que el capitalismo nos enseñó desde un primer momento: sentir miedo, para justificar la violencia; mantenernos sumisos, para aceptar sus disposiciones; doblegarnos, para creer que tenemos lo que nos merecemos. Y sí, se puede sobrevivir en un paréntesis de 2 ambientes amoblado, con un trabajo de 8 horas diarias (más horas extras) y un perro de mascota. Pero se trata de empujar los límites.

Cuando el líder revolucionario Hugo Chávez se pronunció en contra del ALCA, proyecto que buscaba expandir el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, con su sarcástica frase: “ALCA… ¡Al carajo!”, el mandatario eligió. Su elección se vio determinada por sus conocimientos sobre la intención colonialista de las naciones del norte. En ese caso, Chávez remarcó los límites de su paréntesis echando al agua al imperialismo, aun sabiendo que habría reprimendas. De eso se trata elegir.

Para que exista un conflicto, siempre tiene que haber al menos dos partes. Y en una sociedad conflictiva y caótica, las partes enfrentadas tienden a la ramificación constante. Ya no es extraño que una misma célula o agrupación de cualquier índole termine por bifurcarse, obligando así a que sus miembros tomen partido por una de las facciones… porque abandonar nunca es una opción.

Latinoamérica es un crisol de culturas diversas y remotas. En este refugio de suelo fértil han confluido europeos, africanos, asiáticos, católicos, judíos, musulmanes y mucho más, recreando de esta manera una fotografía del mundo y, además, demostrando que, luego de años de lucha, es posible elegir la paz.

 

Elegir para sobrevivir

La imposición de ofertas es otra característica distintiva de la modernidad. Convivir en sociedad va moldeando nuestra psique llevándola a un nivel extremo en el que elegir será de vida o muerte.

La publicidad se ha aprovechado de esta carga que yace sobre nuestros hombros cuando, con complejas técnicas de marketing, sugieren que tomar una decisión es crucial. O elegís mi producto o sos un perdedor.

A veces la elección que se nos presenta puede ser nimia, pero mirando más allá puede convertirse en un análisis a problematizar. Por ejemplo, es efectivo que la muñeca Barbie menos vendida -elegida- es la de rasgos y tez afroamericanos. Y eso, claro, es un indicador de que algo está pasando.

En un estudio llevado a cabo en República Dominicana por los psicólogos Kenneth y Mamie Clark, un grupo de 30 niños con dos muñecos enfrente, uno negro y uno blanco, tenía que elegir, basándose en una serie de preguntas, cuál muñeco era bueno y cuál malo. Los resultados, por supuesto, dicen que el muñeco blanco es el bueno, el sano y el rico.

 

Una decisión política

El problema se profundiza cuando elecciones poco determinantes llegan a dividir incluso los lazos entre las personas. Se extinguen los matices claroscuros y se levantan los extremos: claridad u oscuridad total.

Según explica la física, los polos opuestos se atraen. Pues, en las prácticas sociales, donde no intervienen leyes científicas, pero sí se establecen vínculos políticos, los polos opuestos se repelen.

Cuando no se establecen lugares comunes de discusión y encuentro, es fácil sostener la elección individual sin necesidad de argumentar algún cómo y porqué, y así nos queda un paréntesis pequeño y cómodo, pero una brecha social enorme.

Será determinante para una evolución socio-política conjunta encontrar vectores que puedan concluir en una elección común. En diversos ámbitos -pequeños, moderados, o enormes- debería ser un objetivo fundacional buscar la conformidad y el bien común de todos los participantes.

Elegir es ejercer un derecho civil; es celebrar tener una atribución que, dadas circunstancias que lastiman nuestro entorno, no todos los habitantes del mundo tienen; es dar oportunidades y, a veces, elegir es castigar. Pero, sobre todo, elegir apelando a la consciencia siempre y cuánto se pueda, es ensanchar nuestro paréntesis.

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